Y esque no sólo de numeros primos vive el hombre, también los números irracionales tienen sus fans… Y si no os lo creeis mirad esta web que he encontrado, o más bien su URL:
http://3.141592653589793238462643383279502884
197169399375105820974944592.com/
(La separo en dos partes, que si no no cabe
)

Todos los átomos de nuestros cuerpos estuvieron alguna vez en el infierno de una estrella en explosión. Cada unos de ellos ha vivido innumerables y agitadas vidas. Estaban ahí en el comienzo de los tiempos y sobrevivirán a la desaparición de la Tierra y el sistema solar. El átomo de oxígeno que usted respira ahora pudo haber sido parte del último aliento de César o de la primera criatura que caminó sobre nuestro planeta.”
Sinopsis de “Historia de un átomo”
[Krauss, Lawrence M.]
How I want a drink, alcoholic of course, after the heavy lectures involving quantum mechanics.”
Como curiosidad, que encuentro vía Gaussianos, el número de digitos de cada palabra son los quince primeros números de PI (3′14159265358979). Desde luego el que hizo la frasecita, o tenía una gran habilidad o mucho tiempo libre para encontrar una serie de palabras con sentido que cumplan esta condición. ¿Para cuando una novela? 
Era el 16 de marzo de 1926 en una granja cubierta de nieve en Auburn (Massachusetts). El cohete diseñado por Goddard salió propulsado sobre la granja usando oxígeno líquido y gasolina. Cuando el combustible se agotó, subió un poco más hasta finalmente caer.
Robert Goddard nació en Worcester, Massachusetts, en 1882. De pequeño, estaba en con su familia en casa de unos amigos cuando él se subió a un cerezo para podar las ramas viejas aunque se dedicó mas bien a soñar:
“Era uno de esas bellas tardes tranquilas y coloridas que tenemos en Octubre en Nueva Inglaterra, y cuando miré hacia los campos del este, imaginé lo bello que sería hacer un aparato que tuviera la posibilidad de elevarse hacia Marte, y como se vería a pequeña escala, si se enviara desde el prado a mis pies.”
Ese día fue decisivo en su vida y lo recordaría más tarde:
“Era un chico diferente cuando descendí del árbol, por que la existencia al fin parecía tener una finalidad”.
Durante el resto de su vida marcó ese día en el calendario a modo de festividad recordando aquella idea que le pasó por la cabeza: era el 19 de octubre de 1899.
Goddard se doctoró por la Universidad de Clark en 1911, enseñó en Princeton y volvió a Clark en 1924. Allí comenzó a experimentar con cohetes. En 1926 lanzó su primer cohete que su mujer inmortalizó en una foto. Medía 1,20 metros de altura, 15 centímetros de diámetro e iba sostenido en un bastidor.

Consiguió que la Smithsonian Institution le concediera algunos miles de dólares gracias a los que pudo construir más cohetes. Los últimos lanzados incorporaban a bordo un barómetro y un termómetro así como una cámara para fotografiar ambos instrumentos. Fue el primer cohete en transportar instrumentos de medida.
Entre 1930 y 1935 lanzó cohetes que alcanzaron más de 800 kph y alturas de hasta 2,5 kilómetros. Diseñó sistemas de guía giroscópica para mantener el rumbo deseado. Por último, puso en práctica una de las más brillantes ideas que tuvo: los cohetes de fase múltiple.
El gobierno norteamericano sólo le prestó atención para que diseñase cohetes para ayudar a despegar a los aviones de los portaaviones. Mientras tanto, en Alemania, algunos de los mejores científicos de la tierra si prestaban atención a las ideas de Goddard y diseñaban los cohetes que pudieron dar la victoria a los Nazis: los V2.

Cuando acabó la Segunda Guerra Mundial y los americanos preguntaron a los científicos alemanes por sus cohetes y la tecnología que usaron, contestaron con asombro: pero ¿por qué no preguntan a Goddard?
Demasiado tarde; Goddard había muerto el 10 de agosto de 1945.
En la actualidad la conquista espacial no se hubiese dado sin los avances de Goddard. La idea de sus cohetes de fase múltiple aún se usa (si habéis visto Apolo XIII os habréis dado cuenta de cómo el cohete se va desprendiendo de las etapas que ya no sirven.). Además Goddard estudió cómo optimizar las cámaras de combustión. Pero en su vida se ganó fama de “chalado” que quería llegar a la Luna, e incluso el New York Times lo criticó. Cuando el Apolo XI llegó a la Luna este periódico no tuvo más remedio que rectificar.

En total se le concedieron 214 patentes, la mayoría después de su muerte, y en la actualidad la NASA ha puesto su nombre en su honor a un centro de vuelo: el Centro de Vuelo Espacial Goddard.
Bibliografía | “Momentos Estelares de la Ciencia” [Isaac Assimov]
Wikipedia
Robert Goddard y sus Cohetes (Spanish translation by J. Méndez)